El damasco y la elegancia en la colección Tradición de Tusitala


Hay tejidos que no solo visten, sino que cuentan historias. El damasco es uno de ellos.

En la colección Tradición de Tusitala, cinco abanicos reinterpretan este tejido legendario a través de diferentes fondos cromáticos, transformando un motivo histórico en un gesto contemporáneo de estilo. Porque un abanico no es solo un accesorio: es carácter, es intención y, en este caso, es herencia cultural.

El damasco en la moda: eterno retorno

A lo largo de los siglos, el damasco ha ido y venido, pero nunca ha desaparecido.

En el siglo XIX se vinculó a la burguesía y a los interiores ornamentados. En los años 60 y 70 fue reinterpretado con un aire bohemio y psicodélico. Y en la alta costura contemporánea, casas como Dolce & Gabbana o Valentino lo han elevado con una mirada barroca, dramática y profundamente mediterránea.

El damasco transmite opulencia, tradición y una elegancia con carácter. No es minimalista. Es teatral. Y precisamente por eso resulta fascinante cuando se equilibra con líneas limpias y siluetas actuales.

¿Qué es exactamente el estampado damasco?

El damasco no es un estampado en el sentido clásico. 

Sus dibujos —normalmente florales, vegetales o arabescos— nacen del contraste entre hilos mates y brillantes. El diseño aparece gracias a la propia estructura del tejido, creando un efecto sutil, sofisticado y lleno de profundidad.

Tradicionalmente se elaboraba en seda, aunque hoy también lo encontramos en algodón, lino, jacquard o fibras técnicas. Pero su esencia permanece intacta: textura, relieve visual y elegancia estructural.

De Oriente a Europa: una historia de lujo

El nombre proviene de la ciudad de Damasco, en Siria, que durante la Edad Media fue uno de los grandes centros de comercio textil dentro de las rutas de la seda. Entre los siglos XII y XIV, estos tejidos viajaron a Europa, donde se convirtieron rápidamente en símbolo de prestigio.

Aunque su técnica tiene raíces aún más antiguas en China, fue en Damasco donde el estampado se popularizó y se exportó masivamente.

En Europa, el tejido adquirió una dimensión casi ceremonial. Se asoció al poder, a la nobleza, a la Iglesia y a la decoración palatina. Durante el Renacimiento y el Barroco era habitual en cortinajes, tapicerías, vestidos de corte e indumentaria religiosa. Era caro, exclusivo y reservado a las élites.